Peter Williams, un ciudadano australiano, se declaró culpable de robar secretos comerciales en Washington después de vender herramientas sensibles de ciberataques vinculadas a Rusia. Recibió $1.26 millones en criptomonedas, que gastó en artículos de lujo y bienes raíces, causando daños por más de $35 millones para las empresas afectadas. La fiscalía busca una condena de 9 años y $35 millones en restitución, destacando el papel de las criptomonedas en transacciones relacionadas con espionaje.