El documental The Secret Apartment me recordó dos cosas: 1. A principios de los años 2000, los niños nerds artísticos de la universidad solían ser espíritus libres felices, ahora son protestantes molestos que silban y observan. 2. Esos niños se sintieron tan afectados personalmente por el 11-S que realizaron un proyecto artístico de 5 años sobre ello, aunque vivían a 3 horas de distancia. Hoy en día ya no tiene ese efecto en la generación más joven que no lo vivió.
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