Conozco a un repartidor de comida a domicilio, tiene más de cincuenta años.


Él dice que lo más difícil no es subir escaleras, sino esperar a la gente.
Esperar a que los comercios preparen la comida, esperar a que los clientes bajen, esperar el ascensor.
Él dice que ha calculado que el tiempo que espera en un día es suficiente para entregar veinte pedidos.
Le pregunté: "¿Entonces no les presionas?"
Él dice: "Aunque presione, no sirve de nada.
El comerciante dice que casi está listo, el cliente dice que casi llega, el ascensor dice que ya ha llegado.
Cada uno de esos 'casi' no es el mismo 'casi'."
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