**La carrera contra el tiempo de Japón: por qué la minería en aguas profundas de minerales de tierras raras importa ahora**



La competencia global por el acceso a minerales críticos se intensifica, y Japón está tomando medidas audaces. A partir de este mes, el país realizará su primera prueba de minería en aguas profundas dirigida a minerales de tierras raras en aguas cercanas a la Isla Minamitori, ubicada aproximadamente a 1.900 kilómetros de la costa de Tokio. Esta iniciativa subraya las crecientes preocupaciones de Tokio sobre las vulnerabilidades en la cadena de suministro—particularmente su fuerte dependencia de las exportaciones minerales controladas por China.

**¿Por qué la urgencia?**

La situación de Japón es sencilla: China consolida el control sobre la cadena de suministro de tierras raras. Pekín produce actualmente aproximadamente el 70 por ciento de las tierras raras del mundo y domina las operaciones de refinamiento con más del 90 por ciento de la capacidad global. Para Japón, la dependencia es aún más marcada—alrededor del 60 por ciento de las importaciones de tierras raras provienen de China, mientras que ciertas tierras raras pesadas provienen casi exclusivamente de Pekín.

Esta concentración plantea riesgos económicos reales. El gobierno japonés estima que una interrupción en el suministro de tres meses podría causar daños superiores a US$4 mil millones en las industrias nacionales. Una interrupción prolongada de un año podría reducir el PIB anual en casi un 0,5 por ciento. La disputa territorial de 2010, cuando China detuvo silenciosamente los envíos a Japón, sirve como un recordatorio de lo que está en juego.

**La prueba de minería en aguas profundas: qué esperar**

El experimento de Japón, que se realizará del 11 de enero al 14 de febrero, probará equipos diseñados para extraer hasta 350 toneladas métricas de sedimento del fondo marino diariamente. La prueba cumple dos propósitos: validar la tecnología de extracción y evaluar simultáneamente los impactos ambientales en los ecosistemas marinos y los procedimientos de monitoreo a bordo del buque minero.

Si esta fase inicial tiene éxito, las autoridades señalan que podrían comenzar operaciones a mayor escala el próximo año, allanando el camino para la planta de procesamiento planificada en Minamitorishima. Esa instalación, que se espera esté operativa para 2027, tiene como objetivo manejar el lodo de tierras raras recuperado y formar la columna vertebral de una red de suministro controlada a nivel nacional. Una demostración a gran escala en febrero de 2027 probará la capacidad de la planta para procesar hasta 350 toneladas métricas de sedimento de tierras raras diariamente.

**Cooperación estratégica y implicaciones más amplias**

Japón no persigue esto de manera independiente. El país está explorando activamente una colaboración más profunda con Estados Unidos en las aguas de la Isla Minamitori, basándose en los compromisos que ambas naciones hicieron el año pasado para desarrollar conjuntamente infraestructura de minería, procesamiento y cadena de suministro de minerales críticos. Esta asociación refleja un realineamiento estratégico más amplio—diversificando las cadenas de suministro que dependen de China.

Los recientes anuncios de China que restringen las exportaciones de artículos de doble uso con aplicaciones militares solo han reforzado la determinación de Japón. Los analistas advierten que Pekín podría interpretar tales restricciones de manera lo suficientemente amplia como para abarcar ciertos materiales de tierras raras, convirtiendo efectivamente las exportaciones minerales en armas. Este movimiento recuerda la estrategia de 2010 y justifica el giro de Tokio hacia la independencia en la minería en aguas profundas.

**La cuestión ambiental**

Científicos marinos y defensores del medio ambiente siguen alertando sobre posibles daños a los ecosistemas por las operaciones de minería en aguas profundas. El océano profundo sigue siendo poco entendido, y extraer volúmenes significativos de sedimento podría causar daños duraderos a los hábitats del fondo marino. A pesar de estas advertencias, las naciones competidoras están acelerando sus propios proyectos exploratorios de minería en aguas profundas, impulsadas por la creciente presión para asegurar el acceso a minerales críticos.

La apuesta de Japón refleja un cálculo geopolítico más amplio: asegurar la autonomía en la cadena de suministro puede superar las preocupaciones ambientales a corto plazo, aunque las consecuencias a largo plazo siguen siendo inciertas.
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