Había un pueblo donde llovió durante un año seguido. La gente dejó de plantar cultivos. "Nada crece aquí," decían. Lo repetían tan a menudo que se convirtió en ley.


Un hombre aún labraba su tierra cada mañana.
"Tonto," lo llamaban. "El suelo está muerto."
Él no discutía. Solo sonreía y seguía trabajando.
No era optimista. Había analizado el suelo. Había estudiado los patrones de lluvia. Habían dejado de mirar la tierra en el momento en que la tormenta comenzó.
Cuando el sol regresó, era el único con raíces en la tierra.
El pueblo había confundido el sufrimiento con la sabiduría. Pensaban que decir "nada funciona" los hacía inteligentes. Pero el cinismo sin curiosidad es el miedo usando una máscara.
El hombre no era valiente. Simplemente siguió prestando atención mientras todos los demás estaban actuando.
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