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Morrissey en su contradicción: cuando un disco fallido se convierte en razón para hablar de un artista legendario
Hay artistas que merecen que se hable de ellos incluso cuando lo hacen mal. Morrissey es precisamente uno de esos casos. A los 65 años, el cantante británico acaba de lanzar Make-Up Is a Lie, un trabajo discográfico que funciona más como interrogante que como logro. Y paradójicamente, este fracaso ofrece la oportunidad perfecta para reflexionar sobre quién es realmente Morrissey después de cuatro décadas definiendo el sonido y la sensibilidad del rock pop melódico.
El fracaso artístico del nuevo Morrissey
Make-Up Is a Lie no es simplemente un disco malo. Es algo más confuso: un proyecto que pretende tener intenciones serias pero termina siendo tedioso, nostálgico de forma ingenua, saturado de teorizaciones conspirativas propias de internet, visualmente poco atractivo y, en el fondo, carente de sentido musical. Nada en él evoca la brillantez de sus trabajos anteriores.
Nadie esperaba que Morrissey replicara la perfección de Viva Hate (1988), Vauxhall and I (1994) o You Are the Quarry (2004). Estos álbumes representan momentos irrepetibles de su carrera solista, posteriores al impacto transformador que fue The Smiths. A los 65 años, Morrissey tiene derecho a la experimentación y al error. El problema es que este disco no solo falla en lo artístico: expone las fragilidades de una persona que construyó su legado sobre bases que ahora parecen socavadas.
Las cancelaciones y la salud de Morrissey
Durante 2025, Morrissey canceló aproximadamente la mitad de sus compromisos de conciertos programados. Entre ellos figuraba su regreso a Buenos Aires, donde ya había incumplido presentaciones anteriormente. A nivel profesional, esto resulta inusual para un artista de su magnitud. Pero si se observa desde una perspectiva más humana, existe algo casi admirable en la decisión de alguien como Morrissey de simplemente rechazar hacer algo porque carece de la motivación para hacerlo.
Lo peculiar es que sus excusas sobre problemas de salud adquieren tonos casi anecdóticos. Noel Gallagher, exguitarrista de Oasis, relató sorprendido cómo se encontró con Morrissey en un bar la misma noche en que el cantante había cancelado un concierto supuestamente por una angina. Estos episodios pintan un retrato de alguien que ha convertido el incumplimiento de obligaciones en parte de su narrativa pública.
El giro político de Morrissey: de revolucionario a cuestionado
La contradicción más profunda que envuelve a Morrissey radica en su evolución política. A finales de 2024, aseguró que había recibido una oferta millonaria para reunir a The Smiths en 2025, pero que Johnny Marr, su antiguo guitarra y actual antagonista, la ignoró. Posteriormente se reveló que todo fue una fabricación de Morrissey para reactivar viejos conflictos dormidos durante décadas.
Los supuestos “posicionamientos políticos actuales” que separaban a ambos músicos incluyen el presunto acercamiento de Morrissey al partido de derecha Reform UK. Aunque el cantante se autodefinió como “apolítico” en varias entrevistas el año pasado, sus discursos posteriores hablan constantemente de una “dictadura del pensamiento único” y alertan sobre la destrucción de la cultura británica. Atacar a The Guardian, acusándolo de lanzar una “campaña de odio” contra él, se convirtió en parte de su retórica habitual. En abril de 2025, Morrissey demandó a un usuario de internet, afirmando que ese “troll” era responsable de haber construido su imagen de “racista” ante el mundo durante décadas.
Esto resulta especialmente contradictorio si se considera que Morrissey erigió su reputación artística sobre la crítica política del capitalismo durante el régimen de Margaret Thatcher en Inglaterra. Su primer disco solista incluyó “Margaret on the Guillotine”, una canción tan incendiaria que la policía británica registró su casa bajo la Ley de Sustancias Explosivas, asumiendo que el cantante representaba una amenaza real para la Primera Ministra. Temas como “The Queen Is Dead” atacaban frontalmente la monarquía y la decadencia de Gran Bretaña bajo control conservador. Incluso “Meat Is Murder”, aunque formalmente trata sobre vegetarianismo, Morrissey lo utilizaba en sus discursos como símbolo de la “falta de humanidad” del gobierno thatcherista.
Cuando Margaret Thatcher falleció en 2013, Morrissey publicó una carta abierta demoledora titulada “Thatcher era un terrorista sin un átomo de humanidad”, demostrando que su desprecio permanecía intacto. Este mismo Morrissey es el que ahora denuncia una “dictadura del pensamiento único” y se acerca a formaciones políticas de derecha.
El enigma de entender a Morrissey
¿Es Morrissey un “derechista”, usando los términos banales de la época contemporánea? La realidad es que el universo de Moz —así lo llaman sus seguidores más devotos— no puede reducirse a una lógica única ni coherente. Tal vez la verdadera conclusión es que no debería intentarse comprenderlo, justificarlo ni repudiarlo. Simplemente escucharlo, aceptando todas sus contradicciones.
Sin embargo, ahí está Make-Up Is a Lie, y la incertidumbre sobre qué hacer con él resulta inevitable. Dejar que pase desapercibido, fingir que nunca sucedió, podría ser el consejo más sabio. Pero la existencia de este disco fallido paradójicamente nos permite una última conversación significativa sobre Morrissey: no sobre lo que es, sino sobre lo que fue y lo que representa su descomposición. Un disco malo de un grande artista sigue siendo una oportunidad para recordar por qué ese artista importó en primer lugar.