¿Realmente el Congreso tomó dinero de la Seguridad Social? Lo que muestran realmente los números

Durante décadas, los estadounidenses han escuchado afirmaciones de que el Congreso saqueó las arcas de la Seguridad Social, dejando al programa vulnerable. Pero, ¿esta acusación está fundamentada en hechos o es un malentendido generalizado? Para responder a esta pregunta, necesitamos examinar qué sucedió realmente con los 2.9 billones de dólares en activos que ha acumulado la Seguridad Social, y por qué la relación del gobierno federal con estos fondos es mucho más matizada de lo que sugieren los críticos.

Por qué la Seguridad Social enfrenta su mayor desafío

La Seguridad Social sigue siendo la columna vertebral financiera de millones de estadounidenses. Con casi 63 millones de beneficiarios que actualmente reciben cheques, el programa ayuda a más de un tercio de los beneficiarios a salir de la pobreza. Apoya a jubilados, trabajadores discapacitados y familiares sobrevivientes, convirtiéndolo en uno de los programas sociales más críticos del país desde su creación en 1935.

Sin embargo, el programa enfrenta una presión creciente. La Junta de Fideicomisarios de la Seguridad Social ha advertido desde 1985 que las proyecciones de ingresos a largo plazo no son suficientes para mantener los niveles actuales de beneficios, que incluyen ajustes anuales por costo de vida. Los vientos demográficos adversos—como la jubilación de los baby boomers, el aumento de la esperanza de vida, la disminución de las tasas de natalidad y la creciente desigualdad de ingresos—agregan estos desafíos. Para 2034, a menos que el Congreso actúe, se proyecta que las reservas de activos del programa se agotarán por completo, lo que podría forzar recortes en los beneficios de hasta un 21%. Este escenario es particularmente preocupante dado que el 62% de los jubilados dependen de la Seguridad Social para al menos la mitad de sus ingresos familiares.

La pregunta de 2.9 billones de dólares: ¿De dónde realmente tomó prestado el Congreso?

Aquí es donde suele comenzar la confusión. Desde 1983, la Seguridad Social ha recaudado más ingresos de los que paga cada año, acumulando superávits netos de efectivo. Por ley, este superávit debe invertirse en bonos y certificados de deuda emitidos por el gobierno en condiciones especiales, en lugar de mantenerse en efectivo. A cambio, el gobierno federal obtiene acceso a una capacidad de préstamo de 2.9 billones de dólares para sus operaciones presupuestarias generales.

Este acuerdo ha alimentado las críticas de que el Congreso “tomó” el dinero de la Seguridad Social. Pero, ¿el hecho de tomar prestado—con el requisito legal de devolverlo—constituye un robo? La respuesta corta es no. Cuando el Congreso tomó prestados estos fondos mediante bonos, asumió una obligación financiera con el Fondo de Fideicomiso de la Seguridad Social, no una apropiación unidireccional. Piénsese en ello como si el gobierno federal solicitara un préstamo a la Seguridad Social en lugar de saquear su caja fuerte.

La verdadera pregunta que los críticos suelen hacer es: ¿Por qué el Congreso no mantuvo los activos de la Seguridad Social en efectivo? La respuesta revela un principio financiero importante. El dinero que permanece inactivo en una caja fuerte pierde poder adquisitivo por la inflación cada año. Además, al invertir en bonos del gobierno, la Seguridad Social recibe pagos de intereses—generando 85.1 mil millones de dólares en ingresos por intereses solo en 2017, con proyecciones de 804 mil millones en intereses agregados entre 2018 y 2027. El efectivo en efectivo no generaría retornos, poniendo al programa en una posición más precaria, no más sólida.

La verdad sobre los ingresos por intereses: el Congreso devolvió con rendimientos

A finales de 2018, los 2.9 billones de dólares en bonos del gobierno tenían un rendimiento promedio del 2.85% anual. Estos bonos vencen en 1 a 15 años, permitiendo que el Fondo de Fideicomiso de la Seguridad Social reinvierta los fondos en rendimientos potencialmente más altos a medida que fluctúan las tasas de interés. Esta estructura asegura que la Seguridad Social reciba una compensación continua por el uso de sus fondos por parte del gobierno.

Algunos críticos argumentan que devolver completamente estos préstamos resolvería los problemas del programa. Sin embargo, este argumento pasa por alto una falla crítica: devolver no fortalecería la posición de la Seguridad Social. Ya sea que el programa tenga 2.9 billones de dólares en bonos del gobierno o en efectivo, sus activos totales permanecen iguales. Lo que cambiaría sería la pérdida de 804 mil millones de dólares en ingresos por intereses proyectados en la próxima década—una fuente de ingresos sustancial que ayuda a mantener los niveles actuales de beneficios. Además, el gobierno federal necesitaría encontrar fuentes de financiamiento alternativas para devolver el dinero a la Seguridad Social, probablemente aumentando la carga de la deuda nacional en otros ámbitos.

Aclarando los hechos: el Congreso no saqueó la Seguridad Social

La evidencia es clara: el Congreso no ha malversado ni robado ni un solo dólar de la Seguridad Social. Esto es por qué:

Primero, el préstamo se ha realizado de manera transparente y legal. Ya sea que la Seguridad Social apareciera en el presupuesto federal unificado bajo Lyndon B. Johnson o funcionara como una entidad separada fuera del presupuesto, ninguno de sus fondos ha sido desviado para gastos del gobierno general. Cada dólar sigue siendo contabilizado dentro del sistema de la Seguridad Social.

Segundo, los pagos de intereses demuestran que el acuerdo beneficia al programa. El rendimiento promedio del 2.85% en bonos del gobierno—sujeto a cambios a medida que los bonos vencen y se reinvierten—demuestra que la Seguridad Social no está regalando sus fondos prestados. El programa genera activamente ingresos con este acuerdo.

Tercero, la alternativa sería peor. Forzar al gobierno federal a devolver 2.9 billones de dólares de inmediato requeriría un endeudamiento masivo en otros ámbitos, reduciendo fondos disponibles para otros programas o aumentando los déficits. Más importante aún, eliminaría la fuente de ingresos por intereses de la Seguridad Social, acelerando su camino hacia la insolvencia en lugar de mejorarlo.

La realidad más amplia

El desafío fundamental de la Seguridad Social no es que el Congreso haya robado de ella—es demográfico y estructural. A medida que los estadounidenses viven más tiempo y las tasas de natalidad disminuyen, la proporción de trabajadores que sostienen a cada jubilado se reduce. Esta realidad requiere soluciones reflexivas: ajustar los ingresos mediante mayores impuestos sobre la nómina, aumentar gradualmente la edad de jubilación, aplicar pruebas de recursos para beneficios o reducir los ajustes por costo de vida para los ingresos más altos.

La narrativa del “robo” del Congreso oculta estos problemas reales. Aunque el uso por parte del gobierno del superávit de la Seguridad Social plantea legítimas preguntas sobre responsabilidad fiscal, enmarcarlo como un desfalco distorsiona la relación financiera. El Congreso tomó dinero prestado—hizo una obligación formal de devolverlo, y está compensando a la Seguridad Social con intereses. La cuestión de si los responsables políticos han tomado decisiones sabias sobre la gestión de la solvencia a largo plazo de la Seguridad Social es un debate separado.

La conclusión: el Congreso no saqueó la caja fuerte de la Seguridad Social. Pero el programa sí requiere reformas políticas sustantivas para garantizar que pueda cumplir con los beneficios prometidos a las futuras generaciones. Esa es una conversación que vale la pena tener—basada en hechos, no en mitos.

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